La fachada tiene que permitir el aprovechamiento de la radiación solar, la iluminación natural y la ventilación.
Distinguimos dos partes: los macizos y los huecos.
- Los macizos u opacos.
Deben garantizar un correcto aislamiento con el exterior a través de su masa térmica (materiales con grandes espesores y elevadas conductividades) y el aislamiento térmico (materiales con bajas conductividades y capas de poco espesor).
- Los huecos o acristalamientos. Deben poder aprovechar la radiación solar, la iluminación natural y la ventilación. Para ello, hay que tener control sobre la radiación solar y controlar las infiltraciones y las pérdidas de calor, con lo siguiente:
- Elementos de sombreamiento que limiten la entrada de radiación solar en periodos de calor.
- Incorporación de elementos de aislamiento que limiten la pérdida térmica en invierno.
- Elección del tipo adecuado de carpintería, controlando las infiltraciones y las condensaciones.
En climas fríos, las fachadas deben permitir la entrada de radiación solar a través de unos huecos amplios, así como evitar la pérdida de calor.
Para ello se puede jugar con la relación hueco-macizo, dotando de grandes ventanales y miradores acristalados (con doble o triple vidrio) colocados en la cara exterior de la fachada, para aprovechar al máximo el efecto invernadero. El aislamiento térmico es fundamental, tanto en el muro como en los huecos.
En climas cálidos, los huecos deben protegerse para evitar la entrada de radiación solar (evitar el efecto invernadero). La ventana se coloca en la cara interior de la fachada.
Hay que jugar con protecciones de huecos: toldos, persianas, venecianas, contraventanas, así como con celosías, elementos translúcidos, colores claros. Se recomienda plantar árboles para dar sombra al edificio y evitar así un calentamiento excesivo.
|